sábado, 29 de septiembre de 2012

Mi Habana


Me hallo en una ciudad que recuerda a La Habana por el estilo colonial de su calle mayor, de hecho podria estar perfectamente alli, por la arquitectura de los edificios y porque acaba de pasar Carlinhos Brown tras de mi con unos chavales brasileños.
La ciudad da al mar; ahora mismo estoy escuchando su musica retumbar en el ambiente.
Estoy en un piso que no tiene dos habitaciones iguales; y sin ser un piso perfectamente cuidado, tampoco es un piso descuidado ni cochino, ni mucho menos. Tiene cuadros que salpican las paredes, con marcos generosos. Una de las paredes de hecho, está hecha con las baldas de una persiana pero olocadas verticalmente. el techo es bastante alto, y hay un par de paragueros llenos de bastones, un telefono antiguo en la pared, de esos de rula, y una puerta que cierra con un gran cerrojo de tres brazos, hecho artesanalmente.
Las ventanas son de esas antguas en las que no hay cristales propiamente dichos, sino vidrios que distorsionan ligeramente la vision exterior; es de esas ventanas que en realidad son como puertas, ventanales es la palabra; y que estan pintadas con una pintura color vainilla, la cual cubre los cerrajes de los cristales de  ariba, haciendo que para poder abrir la parte de arriba (no asi las otras dos ojas), se tenga que hacer un considerable esfuerzo, puesto que las palometas que dejan que se abran y cierren estan tambien bañadas en  dicha pintura, y cuesta deslizarlas convenientemente.
En dicha ciudad comence a escuchar a extremoduro, comence a ponerme hasta los ojos, y conoci, con rollos de una noche, a la locura que mas adelante me acompañaria y con la que ahora mantengo una relacion tan pasional como desquiciante.
Lo que mas me gusto de lo que aprendi aqui es a ir bastante borracho, y tenderme en el suelo.
esa sensacion de feliciad, de plenitud y de paz. y de que no importa que pase. en ese momento... todo, absolutamente todo, da igual

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